Donde antes resonaba el ruido de la maquinaria de una antigua fábrica cárnica, hoy late un ritmo nuevo. La Cúpula no es una construcción nueva; es una superviviente.
Hemos decidido no ocultar nuestras cicatrices. Mantenemos la robustez de los muros originales, la altura imponente de las naves y la honestidad de los materiales: hormigón, ladrillo y hierro. No hemos construido un decorado; hemos recuperado una historia real para darle un nuevo propósito.